Paseaba hace unos días por Donostia – San Sebastián junto a unos amigos de Australia y Nueva Zelanda –ella, fotógrafa–, cuando abajo, en la playa, vimos a una amona enseñando a sus nietas a jugar a palas. Nuestra sombra y la de la emblemática barandilla de La Concha se recortaban perfectamente sobre la arena.

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